Casi ningún producto real es una lista plana de ingredientes. Una tarta es un bizcocho, una crema y un almíbar. Un cosmético es un bulk y un acondicionamiento. Un plato preparado es cuatro elaboraciones que se juntan al final. Un suplemento es una premezcla de activos y una fase de compresión.
La pregunta de modelado es siempre la misma: ¿cada parte es un trozo de este producto, o es una cosa con vida propia que este producto consume?
Las dos opciones, en concreto
Elemento hijo. El producto se estructura como un árbol. La revisión del producto tiene elementos por debajo: «bizcocho», «crema», «almíbar», cada uno con su propia composición y su propio coste, que agregan hacia arriba. Todo vive dentro del producto.
Semielaborado. La parte es un producto independiente, con su propia fórmula y sus propias revisiones, publicado como material del maestro. El producto final lo consume como una línea con su porcentaje.
Las dos son válidas. La equivocada es la que no encaja con cómo funciona tu operación.
Los cuatro criterios de decisión
1. ¿Se fabrica y almacena por separado? Si preparas 200 kg de base los martes y la guardas en bidones para usarla durante la semana, es un semielaborado. Tiene stock, tiene lote, tiene caducidad propia. Si la preparas dentro del mismo proceso y la usas inmediatamente, es un elemento del producto.
2. ¿Se usa en más de un producto? Si sí, y sin cambios, semielaborado. Si es exclusiva de este producto, elemento hijo. La reutilización es el argumento más fuerte a favor de sacarla fuera.
3. ¿Se adapta en cada producto? Un almíbar que en la tarta de limón lleva ralladura y en la de café lleva licor no es la misma base. Son elementos hijos de cada producto, aunque compartan origen. Forzar una base común con parámetros acaba en un modelo que nadie entiende.
4. ¿Tiene que aprobarse por separado? Si la base necesita su propia validación, su propia ficha técnica o su propia especificación —porque la vendes a terceros, porque calidad la libera aparte, porque un cliente la audita—, entonces necesita sus propias revisiones. Semielaborado.
Ejemplos resueltos
| Caso | Modelo | Motivo |
|---|---|---|
| Bulk de crema envasado en 30, 50 y 200 ml | Semielaborado | Se fabrica aparte y lo usan tres SKU |
| Fase oleosa de una emulsión concreta | Elemento hijo | Es parte del proceso, no se almacena |
| Masa madre usada en ocho panes | Semielaborado | Se cultiva aparte, tiene su propio ciclo |
| Relleno específico de una única tarta | Elemento hijo | Exclusivo del producto |
| Premezcla de vitaminas comprada al proveedor | Ingrediente normal | No la fabricas tú |
| Premezcla de vitaminas que fabricas tú | Semielaborado | Fabricación y control propios |
| Acorde de fragancia propio reutilizable | Semielaborado | Se usa en varias fragancias, con dilución propia |
| Estuchado y etiquetado de un SKU | Elemento hijo | Es la parte de acondicionamiento de este SKU |
El error de los dos extremos
Todo plano. Un producto con 60 líneas donde conviven ingredientes del bulk, del envase y de la caja. Ilegible, imposible de costear por partes, imposible de reutilizar. Es lo que pasa cuando la herramienta no soporta estructura y la gente se apaña.
Todo semielaborado. El otro extremo: cada fase, cada premezcla y cada subconjunto convertido en material del maestro. Acabas con un maestro de 3.000 referencias de las que 2.400 son cosas tuyas que solo se usan una vez, y buscar un ingrediente se convierte en una odisea. Además, cada cambio implica publicar una versión nueva del semielaborado y revisar quién lo usa: burocracia sin beneficio.
El punto óptimo suele estar en dos o tres niveles de árbol y unos pocos semielaborados de verdad reutilizables.
Lo que no puede pasar en ningún caso
Que el coste no agregue. Da igual el modelo que elijas: el coste del producto terminado tiene que incluir el de todas sus partes, calculado, actualizado y desglosable. Si tienes que sumar a mano el coste del bulk y el del envase en una hoja aparte, el modelo está mal implementado, no mal elegido.
Y que la trazabilidad no llegue hasta abajo. Desde el producto final tienes que poder llegar a la composición completa: qué ingredientes hay realmente dentro, con sus alérgenos, su INCI y sus restricciones acumuladas a través de todos los niveles. Un alérgeno escondido dos niveles por debajo sigue siendo un alérgeno que hay que declarar, como recuerdo en trazabilidad de alérgenos.
Cómo decidir en la práctica
Cuando dudes, haz esta pregunta al responsable de producción, no al de laboratorio: «¿esto lo fabricáis como un producto en sí mismo?». Si la respuesta es sí, semielaborado. Si es «no, eso es un paso de la receta», elemento hijo.
El modelo de datos que mejor funciona es el que copia la realidad física de tu planta, no el que resulta más elegante en un diagrama.